Muchos siempre lo han sabido y cada vez existen más estudios que lo demuestran. En la mayoría de los casos, tener mascota y, más concretamente, tener un gato, es beneficioso para nuestra salud. Hoy te desvelamos hasta dónde llegan los beneficios de tener uno o varios felinos como mascota.

 

Reducción del estrés

Acariciar gatos reduce los niveles de cortisol (hormona relacionada con el estrés). Se cree, también, que el contacto físico con gatos incrementa en humanos la producción de ondas tetha cerebrales, que habitualmente se producen en estados de relajación y calma profunda.

 

Efecto terapéutico en personas con autismo

El contacto físico con las mascotas incrementa los niveles de oxitocina, una hormona que está vinculada con el establecimiento de relaciones sociales. Un estudio encontró niveles menores de oxitocina en sangre en niños autistas. Se ha comprobado que el incremento de niveles de oxitocina en autistas disminuye las conductas repetitivas y mejora la habilidad de evaluar el significado emotivo de la entonación al hablar. Por otra parte, otro estudio reveló que los niños con autismo que tenían mascota se sentían más tranquilos y se relacionaban con mayor facilidad.

 

Inspiran emociones positivas

Una encuesta realizada a 7000 personas en 2015 indicó que ver vídeos o fotografías de gatos suponía un incremento en las emociones positivas (felicidad, esperanza…) de la persona que los visualizaba, así como un aumento de sus niveles de energía.

 

Ronroneo sanador

Tras observar varios felinos domésticos y salvajes, se ha comprobado que el ronroneo se produce a una frecuencia de entre 20 y 140 Hz, siendo lo más habitual una frecuencia de 20-50 Hz en gatos domésticos. Parece ser que esta vibración sonora estimula la curación de tejidos, especialmente en lesiones que afectan a tendones y músculos. Asimismo, reduce el dolor y ayuda a incrementar la densidad ósea.

 

gatos

 

Protegen el corazón

Convivir con mascotas se ha asociado con la disminución del estrés, la reducción de la presión sanguínea y, por lo tanto, menor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Un estudio realizado en 2009 en el que hubo más de 4000 participantes que habían tenido o tenían actualmente mascota (perros y/o gatos), reveló que las personas que habían convivido con gatos tenían menor riesgo de sufrir infarto de miocardio que los que no vivían con felinos. Curiosamente, la convivencia con perros no demostró estar asociada a una reducción del riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares, incluyendo el infarto miocárdico.

 

Mejora la salud mental

Una encuesta realizada en 2011 a 600 personas, de las cuales la mitad padecían en ese momento un problema de salud mental, reveló que el 87% sentía que tener gato tenía un impacto positivo en su vida y el 75% sobrellevaba mejor el día a día gracias a la compañía de su gato.

 

Mejora la salud general

Si actualmente no tienes gato y te estás planteando dejar entrar uno en tu vida has de saber que en un estudio llevado a cabo con casi un centenar de participantes, resultó que durante el primer mes tras la adquisición de una mascota (perro o gato), las personas daban puntuaciones mejores en un cuestionario de salud general comparado con las personas que no tenían mascota. En las personas con mascota hubo una reducción significativa en la incidencia de problemas de salud menores durante este periodo. Así que… ¿a qué estás esperando?

 

Referencias:

(1) Beneficial effects of pet ownership on some aspects of human health and behaviour.
Serpell J
J R Soc Med. 1991 Dec; 84(12):717-20

(2) Emotion regulation, procrastination, and watching cat videos online: Who watches Internet cats, why, and to what effect?
Jessica Gall Myrick
Computers in Human Behavior Volume 52, November 2015, Pages 168-176

(3) Cat ownership and the Risk of Fatal Cardiovascular Diseases. Results from the Second National Health and Nutrition Examination Study Mortality Follow-up Study.
Adnan I Qureshi, Muhammad Zeeshan Memon, Gabriela Vazquez, and M Faredd K Suri
J Vasc Intery Neurol. 2009 Jan; 2(1): 132–135.

(4) Does Exposure to Cats or Dogs in Early Life Alter a Child’s Risk of Atopic Dermatitis?
Dennis R. Ownby and Christine Cole Johnson
J Pediatr. 2011 Feb; 158(2): 184–186.

 

Un artículo de Raquel Hernández, veterinaria.

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