Consejos para el manejo respetuoso de perros y gatos en la clínica (I)

Consejos para el manejo respetuoso de perros y gatos en la clínica (I)

El manejo en la profesión sanitaria (tanto de personas como de animales) es una de las acciones más delicadas, importantes y fundamentales que hay dado que, si se realiza de manera correcta y respetuosa, nos permite crear un vínculo con el paciente desde el primer momento.

En veterinaria, algunos de los pacientes presentan miedos, inseguridades y fobias que, algunas veces, pueden desembocar en reacciones de reactividad causadas por experiencias negativas del pasado, ya sea con otros profesionales o con otros humanos con los que tuvieron contacto.

Actualmente las clínicas reciben cada vez más animales con estas condiciones, mascotas que responden ante una amenaza que ellas creen presentes con señales de aviso: gruñidos, bostezos, relamidos, desviación de la mirada, intentos de morder…


Factores de miedos e inseguridades en la clínica

Uno de los factores principales es el entorno en el que crecen; una correcta socialización desde cachorros es fundamental para el desarrollo de su forma de ser.

Si en el lugar donde están tienen todas las necesidades básicas cubiertas, es un entorno de calma y el contacto y manejo del humano es respetuoso, esto ayudará a que esos animales se sientan seguros, confíen en ellos mismos y confíen en la figura que los está cuidando. Estas circunstancias ayudarán a que sean animales que lleven mejor la exploración veterinaria y seguramente serán más propensos a dejarse tratar.

Si, por el contrario, son animales que han sido abandonados o se han desarrollado en un ambiente menos tranquilo, sin que sus necesidades estuviesen cubiertas en cierta medida, tendrán más probabilidades de padecer inseguridades y desconfianza frente al mundo.

Esto no quiere decir que todo esté perdido, si no que ese animal, más que ningún otro, necesitará que el profesional sanitario que lo trate, le dé su tiempo, espacio y tenga una cierta delicadeza durante la visita y exploración del animal.


¿Cómo puede el profesional veterinario ayudar a estos animales con un manejo respetuoso?

Estos son algunos consejos prácticos que pueden ir bien para la práctica clínica diaria:

  • Es importante que le preguntemos al tutor a qué le tiene miedo o con qué tipo de estímulos reacciona su animal -los más comunes suelen ser ruidos, voces de cierta tonalidad, el contacto visual con otros animales, quizás algún olor…- y cómo suele solventarlo, si con chuches, con juguetes (si tiene uno favorito o que lo use para estas situaciones podemos pedirle que lo traiga a la consulta) u otra acción.
  • Que en el momento en el que vayamos a atenderle, haya en la clínica el menor factor de estrés posible -algo que es difícil-. Podemos propiciarlos de algún modo poniendo algún difusor de feromonas, aromaterapia e incluso, la musicoterapia, que es una gran aliada. De esta manera, no sólo conseguimos crear un ambiente tranquilo para el animal, sino también para el humano.
  • Evitemos subir al animal a la mesa directamente; bien podemos pedírselo al tutor que lo haga, una vez percibamos que el animal se siente a gusto, o puede que toque esperar y empezar a trabajar desde el suelo.
  • Utilicemos un tono de voz suave y tranquilo mientras hacemos la anamnesis y resolvemos las dudas del humano.
  • Podemos esparcir chuches por el suelo, si la situación lo permite, dejar que el animal explore y observar si las va recogiendo. Aprovechando este momento, podemos sentarnos en el suelo en una zona alejada del animal y observar si muestra interés por nosotros y por las chuches que podamos tener en la mano, llegando a coger alguna.
  • Si ha respondido bien a los premios y percibimos que está despreocupado, podemos empezar a acariciarle e ir realizando cierta exploración, dejando siempre las zonas conflictivas como puede ser la espalda, orejas y patas para el final.
  • Nuestra posición corporal debe ser relajada, evitando los movimientos bruscos. Es recomendable que, sobre todo las primeras consultas, se realicen con tiempo y sin expectativas, algo que debemos explicar previamente al tutor.
  • Pediremos la colaboración del tutor tanto para el manejo como para obtener toda la información sobre su animal.
  • Si es un centro en el que se atienden a perros y a gatos, lo favorable es que se dispongan de espacios separados, es decir, que en la zona de gatos o en la de perros, no oigan o vean a los animales de la otra especie. De este modo, también reduciremos el estrés para todas las partes.

Un artículo de la veterinaria Sarah Flavia Pallín.

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